martes, 11 de noviembre de 2008

MARATÓN, CARRERA DE LOS DIOSES



MARATÓN, CARRERA DE LOS DIOSES

Humberto Fernández de Lara Quesada


Concluir esta prueba es por sí mismo proeza, sin importar el lugar en que se finalice, dado que para lograrlo hace falta que hombres y mujeres participantes sigan rigurosa preparación en la que resistencia y capacidad física se incrementen poco a poco.

El origen de la carrera de maratón debe atribuírsele al filólogo francés Michael Bréal, estudioso de la cultura griega que a finales del siglo XIX quiso constatar que el recorrido emprendido por el antiguo soldado Filípides, entre el poblado de Maratón y la ciudad de Atenas para llevar la noticia de importante victoria militar de sus compatriotas sobre los persas en el año 490 antes de Cristo, fue real.

Bréal compartió la idea con Pierre de Coubertin, barón de origen galo que resucitó los Juegos Olímpicos en el siglo XIX. Así, como Maratón se encuentra a aproximadamente 42 kilómetros de Atenas, aquél personaje propuso desarrollar una carrera de 40 kilómetros de extensión que formase parte del programa del evento deportivo, efectuado en la capital de Grecia en abril de 1896. Al principio, el barón de Coubertin se mostró reacio a incluir la prueba en la agenda olímpica, juzgándola de alto riesgo y sobrehumana; además, no perdía de vista que cuando Filípides efectuó el histórico recorrido murió tras comunicar la noticia de la cual era portador.

Finalmente, la citada competencia formó parte del programa de la Olimpiada 1896, siendo la prueba que más expectación generó. El vencedor fue el pastor griego Spiridon Louis, quien fue elevado a la categoría de héroe por sus compatriotas, y prácticamente venerado por quienes se enteraron de su hazaña en todo el orbe.

Cabe añadir que los primeros maratones olímpicos se corrieron sobre los 40 kilómetros definidos, pero en la cita Londres 1908 se ajustó a los 42,195 metros que prevalecen hasta nuestros días, lo cual obedeció a que la distancia sobrante equivale a la diferencia entre el estadio londinense y el Palacio de Windsor, punto en el que Eduardo VII, rey de Inglaterra, solicitó que se diera la salida.

Especial simbolismo
Los maratonistas han sido vistos tradicionalmente con veneración, al margen del lugar que ocupen en la carrera., ya que esta actividad ha estado rodeada de especial simbolismo, al apreciarse siempre como desafío. Por ejemplo, en los Juegos Olímpicos Tokio (Japón) 1964, el nipón Kokichi Tsuburaya ingresó al estadio para cubrir los últimos metros de la prueba en segundo lugar seguido muy de cerca por el inglés Basil Heatley, quien logró rebasarlo y relegarlo al tercer puesto. El incidente ocurrió ante la familia imperial japonesa, por lo cual Tsuburaya quedó muy apenado y se fijó el objetivo de mejorar su actuación en México 1968. No obstante, a fines de 1967 el competidor sufrió dos lesiones de rodilla que le obligaron a someterse a intervención quirúrgica. La cirugía fue un exitosa y los médicos lo declararon apto para correr, sin embargo, el atleta sintió no estar en condiciones de ganar en tierra azteca; así, el 9 de enero de 1968, dos meses después de haber recibido de alta médica, decidió suicidarse, no sin dejar sentida carta donde pedía perdón al pueblo japonés por dejarse superar por Heatley cuatro años antes.

El maratón puede motivar en forma muy especial al corredor, como lo testimonia el caso de John Akhwari, competidor de Tanzania en los Juegos Olímpicos México 1968, quien fue el último en terminar la prueba, lo cual hizo lastimado y con un vendaje en una rodilla, misma que se había herido al caer a consecuencia del cansancio. Akhwari cruzó la meta más de una hora después de que lo hiciera Mamo Wolde, vencedor del evento, y cuando los periodistas preguntaron al africano qué lo motivó a llegar a la meta, él respondió: “La gente de mi país no me hizo viajar 11,000 kilómetros sólo para iniciar la prueba. Yo vine a terminarla.”

Modernidad
La carrera maratón ingresó a la modernidad con la victoria alcanzada en los Juegos Olímpicos Helsinki (Finlandia) 1952 por el checo Emil Zatopek, quien en sólo una semana ganó la medalla de oro en 5,000 y 10,000 metros, además del demandante recorrido de los 42 kilómetros y 195 metros, imponiendo en las tres pruebas récord olímpico. Este triunfo probó que, en óptimas condiciones físicoatléticas, el organismo humano se encuentra apto para afrontar el desgaste de cualquier competencia.

Y si existían dudas de lo anterior, el etíope Abebe Bikila se encargó de despejarlas con su doble triunfo olímpico en Roma 1960 y Tokio 1964, no sólo por haber corrido descalzo por las calles de la capital italiana, y haber competido en Japón apenas 35 días después de someterse a cirugía por apendicitis, sino por la depurada técnica empleada en cada una de sus zancadas y por la entereza con que concluyó la prueba, echando por tierra los mitos sobre el carácter sobrehumano del maratón.

A su vez, la participación de las mujeres sepultó otra de las creencias en torno a esta competencia que durante largo tiempo se creyó reservada sólo para la capacidad física masculina. Una de las corredoras que más contribuyó en ello fue la noruega Grete Waitz, quien triunfó nueve veces en la maratón de Nueva York entre 1978 y 1988 y, no conforme con ello, conquistó medalla de plata de la primera versión olímpica para mujeres, programada en Los Ángeles 1984 y ganada por la estadounidense Joan Benoit.


Preparándose a llegar
Para participar en maratón, el corredor debe ir adaptando paulatinamente su cuerpo para soportar el exigente esfuerzo de cubrir los 42.195 kilómetros. Para tal efecto, se le recomienda comenzar en competencias de 5,000 y 10,000 metros, para después participar en medios maratones (21 kilómetros) y luego dar el “salto final”, lo que facilitará al atleta ir poniendo a prueba su capacidad cardiaca y respiratoria sin riesgos para su salud, al margen de revisiones médicas paralelas que le permitan asegurarse de que no padece alguna afección que haga peligrar su vida en caso de correr una maratón.

Incrementar paulatinamente la distancia de las carreras en que participa dará al atleta nociones para diseñar adecuada estrategia aplicable cuando deba afrontar la máxima prueba, por lo que se recomienda reconocer con suficiente anticipación las características del terreno donde se efectuará la justa y el tipo de clima probable que imperará el día de la competencia. Asimismo, conviene usar ropa cómoda, la cual debe permitir la transpiración y estar confeccionada en materiales que con el roce y sudoración no irriten la piel. En cuanto al calzado, debe adaptarse lo mejor posible al pie del usuario, cuidando que el zapato tenga una suela que absorba adecuadamente el continuo impacto contra el piso. También debe vigilarse que permita la transpiración y no provoque ampollas en el “soporte” del cuerpo.

Si se prevé que hará mucho calor, es aconsejable protegerse con gorra y lentes contra Sol especiales para atletas. Además, debe utilizar reloj con cronómetro que le permita tener idea exacta del ritmo de carrera que lleva, a fin de realizar ajustes oportunos en su estrategia.

El corredor debe llegar perfectamente descansado a la prueba, bien hidratado y alimentado, aunque es aconsejable no consumir ningún tipo de comida dos horas antes de la prueba. El último alimento previo al maratón debe incluir aquellos ricos en sales como potasio y sodio, además de fuentes de energía como hidratos de carbono, de fácil digestión.

Finalmente, se aconseja al atleta someterse a revisiones médicas periódicas que incluyan pruebas de esfuerzo y resistencia, a fin de asegurarse de que su capacidad respiratoria y ritmo cardiaco son adecuados, y que ningún mal le impedirá correr largas distancias.

fuente original http://www.saludymedicinas.com.mx/nota.asp?id=2133



team depredadores del asfalto

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